Nono García

 

 

NONO GARCÍA Y SUS PIÑONES

 

Nono García (Barbate, Cádiz, 1959), como tantos maestros de la guitarra andaluza, aprendió a tañer en una barbería de su luminoso pueblo natal. Iniciará la andadura profesional en Granada, con Carlos Cano. Después Nono abandonaría sus estudios universitarios para darse una vueltecita por el mundo de la guitarra. En su periplo vital y artístico llegó a Madrid y de ahí marcharía a Bruselas, donde se compusieron la mayoría de los temas que integran “Atún y chocolate”, y desde allí realizaría giras con el grupo “Vaya con Dios”.

 

Nono ha colaborado con artistas como la cantante Martirio  y el pianista Chano Domínguez el cual participa en la grabación de su primer disco “Las quimeras del momento” donde alternaba temas originales con adaptaciones de temas populares españoles como La luna y el toro y “standars” aflamencados.

 

Sin abandonar las raíces flamencas, Nono ha tocado con músicos de todas las procedencias y dialogado con ellos en diferentes lenguajes. Su música está impregnada, no podría ser de esta manera en un artista de casta, de la peripecia vital que le acontece siempre expresada con el viejo acento de su tierra marinera.

 

Antiguamente, según reza en viejos e insignes libros, esa zona de la costa de Cádiz en la que Nono vino al mundo concentraba en torno a las almadrabas lo mejor de la picaresca nacional. Citamos a don Miguel de Cervantes:

 

No os llaméis pícaros si no habéis cursado dos cursos en la academia de la pesca de los atunes. Allí está el hambre prompta, la hatadura abundante, sin disfraz el vicio, el juego siempre, los bailes como en bodas, las seguidillas cono en estampa, los romances con estribos u la poesía son acciones –por independiente-. Aquí se canta... Allí campea la libertad.”

           

        Por eso Nono actualiza el concepto libertario con la colaboración de los artistas que él llama piñoneros, hermanos en el sentimiento y generosos en el aprendizaje de otros códigos musicales de ultramar. Dice Nono: “ Los pinos que adornan nuestra costa, sin perder las raíces, se alimentan del aire salado del Atlántico; tienen una savia especial. Estando en el mismo origen del cante flamenco, miran más allá, mantienen el espíritu libre de la auténtica música del Sur. Su fruto: los piñones.”

 

            Los piñones hacen lo que era menester, la música piñonera firmada por Nono García, rubricada en intensa y humeante jam. Sonidos multirraciales con marchamo andaluz, flamenco. Encontramos jazz, blues, bossa, boleros, baiao, evos africanos. También hay coplas. Una de ellas ratifica con alborozo las señas de identidad: Barbate, atún y chocolate, que canta su hija Ester. Otras, en cambio, cantan las cuarenta.

 

 Volvemos a Cervantes, que nos relata como en sus tiempos a los pobladores de estos dominios les acechaba un peligro:

 

“Toda esta dulzura que he pintado tiene un amargo acíbar que la amarga,

 y es no poder dormir sueño seguro sin el temor de que en un instante los trasladen de Zahara a Barbería”.

 

Y es que ocurrió con frecuencia que sus habitantes anochecieron en España, amaneciendo forzados en Tetuán. Se ha vuelto las tornas y la nocturnidad trae de África unos parientes con otras intenciones. No todos compartimos los planteamientos del poder. O canta Eva Durán por cartagenera de Chacón:

 

 “A los pies de un soberano

lloraba una tarifeña;

 ¡por Dios y por lo que más quieras!

 que no se lleven a mi hermano el africano

 a bordo de una patera”.

 

           Estamos ante un disco verdad; una obra escrita e interpretada por Nono García con alma, corazón y vida, que cual levante se le mete a uno en el sentío. Que el viento nos traiga su música y que como salitre se nos pegue en la piel.

           

JOSÉ MANUEL GAMBOA.